Fuga y ruta de escape de sicario devela fallas en sistemas penitenciario, judicial y fronteras

Denisse Parada Amaro Sepulveda Damarys Morales

La fuga de Alberto Carlos Mejía Hernández, conocido inicialmente como Osmar Ferrer y señalado como el sicario que habría dado muerte al “Rey de Meiggs”, en Ñuñoa, el pasado 19 de junio, ha confirmado los temores sobre la seguridad del sistema penitenciario y también de las fronteras. Y es que apenas 48 horas después de su liberación por orden judicial desde el penal Santiago 1, Mejía logró abandonar el país. La ruta de escape del sicario Tras su liberación, Alberto Carlos Mejía Hernández tomó una micro desde las cercanías del penal hacia Estación Central, un punto neurálgico de transporte en Santiago. Allí, sin levantar sospechas, solicitó a través de una aplicación móvil un viaje privado, por el que pagó cerca de $2.500.000 en efectivo, una suma que evidencia la intención y los recursos invertidos en la fuga. De esta manera, comenzó un largo recorrido, que duró más de 20 horas y que lo llevó, primero, hacia el norte del país. Su destino inicial fue Iquique, ciudad clave en la frontera norte, donde aprovechó la conexión para avanzar hacia Arica, la última ciudad chilena antes de la frontera con Perú.

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